Jeromín transgresor

     ¡Pardiez, que aún no alcanzo a comprender qué está ocurriendo! Y conste que no me quejo porque yo, don Juan de Austria, Capitán General de la Mar, en la mañana de hoy he sido encomendado por su Majestad, mi hermano Felipe, para comandar la flota contra los turcos, por lo cual tengo una placentera sensación.

¡Qué desasosiego, vive el Cielo!… Y es que desde hace una semana, siete días llevo contados, sufro de extrañas alucinaciones (a nadie lo he contado desde luego) y los recuerdos de mi vida anterior a esta semana son en extremo vagos y borrosos, por no decir totalmente ausentes. Con nítida clarividencia acuden a mi mente en estos días unas escenas en las que me veo acomodado frente a una máquina mágica, digna de las más horrendas brujerías. Este hechizado artilugio posee un espejo donde, y aquí viene el hechizo, mi imagen no se refleja sino que en su lugar aparece cual superstición canalla un caballero de aspecto estrafalario, gesticulando, moviéndose, que me habla sin estar presente en el aposento, como un diablo tramando iniquidades desde el interior del alma. Pero hete aquí que la conjura es brutal cuando… ¡válgame el Creador!… de pronto busco mi espada para hacer frente al maligno y observo con desazón como mis ropajes son parecidos a los del caballero del espejo y mi aposento no es mi aposento, las paredes no son de piedra sino que poseen vivos colores, y los enseres son… ciertamente raros y excéntricos. Mi aturdimiento es tal que empiezo a pensar en la hoguera. En esas estoy cuando de pronto el vil impostor del espejo agarra una especie de daga negra con multitud de botones como de marfil en su empuñadura y apuntando hacia mi persona comienza a apretar la tal botonadura con su pulgar derecho. Súbitamente desaparece el encantamiento y aparezco en mi aposento, con mi vestimenta y con mi espada envainada en mi flanco izquierdo. Respiro con celeridad hasta que mi corazón encabritado vuelve poco a poco a latir con calma. No sé qué me está sucediendo, ni cuánto durarán estas alucinaciones, pero ahora me esperan mis marinos. Llega una nueva oportunidad de rendir pleitesía a mi rey y a su imperio.

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