Leyendo

     … sintiéndose herida,  fue entonces ella quien hizo acopio de coraje para…

Pero, bueno, ¿qué haces leyendo esto? ¿Acaso te interesa lo que escribo? ¡Ah! Ya entiendo. No tenías cosa mejor en que gastar los próximos minutos  y te has dicho: “Voy a leer algo, que los insignes eruditos lo aconsejan para despertar el intelecto”. ¿Para despertar el intelecto? ¿Qué intelecto? Ay…  Has de entender que se despierta lo que está dormido, no lo que está por descubrir. Y leer no despierta nada. No, nada de nada. Porque leer no es dejar pasar el tiempo con un libro abierto entre las manos, pasando páginas sin comprender el trasfondo de una historia. No es criticar el desarrollo de una trama porque no se ajusta a lo esperado o a lo que nos complacería. No es abrazar la lectura en la cama para lograr un sueño más plácido. No es caminar por las calles con la portada visible al resto de los transeúntes si es un libro aceptado, o la contraportada si es raro o está mal visto. No es intentar a toda costa adivinar lo que el escritor quiso transmitir en realidad (nunca lo sabremos, no nos empeñemos). ¿Y qué es leer, entonces? No lo sé, y además a mi me da igual: yo sólo escribo.

…acopio de coraje para escupirle a la cara lo que había estado guardando durante tantos y tantos…

Pero… aún sigues ahí, leyendo mis miserias. ¿Es que acaso quieres escribirlo tú?

* * *

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