¡Qué alivio!

     Dieron las doce de la noche y llovía intensamente. A pesar de ello, decidí que me vendría bien salir a dar una vuelta. Por una calle en penumbra me crucé con un hombre de aspecto enigmático que clavó sus ojos en mí. Sobrepasé después a una joven seria y de reojo noté su curiosidad. La lluvia arreciaba y la oscuridad asustaba. A lo lejos percibí cómo tres personas, mirándome de soslayo, murmuraban en corrillo. Intimidado, regresé precipitadamente… y una vez dentro comprendí: yo era el único que no paseaba al perro.

* * *

 

Seleccionado III Premio Algazara de Microrrelatos (Editorial Hipálage), Marzo de 2010

Editado en el libro “Cuentos Alígeros” (Editorial Hipálage, 2010)

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