Una guardia anunciada

     La compañía está formada en el centro de un vasto dormitorio de literas apiñadas. El ambiente emana olor a rabia. Son las diez de la noche: nombramiento de imaginarias. Nadie mueve un músculo. Un recluta veterano susurra: “Tranquilos, está Izquierdo”.

—¡Izquierdo, si estás di tu nombre completo! —vocifera un virulento sargento chusquero, un auténtico guardaespaldas del régimen que incluso se atreve a dar las órdenes pistola en mano.

Tras un afilado silencio, una vocecilla tiembla desde la segunda hilera:

—Indalecio Iz…

—¡No oigo nada, mariconazo!

—Indalecio… Izquierdo… Rojo…, mi sargento —la voz aumenta levemente la intensidad.

—¡Así me gusta! Como premio te toca estar toda la noche de “juerga”: voluntario para los cuatro turnos de imaginaria. El resto a descansar. ¡Rompan filas!

* * *

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