El fin del mundo fue ayer

     Ayer, por fin, sucedió. Tras tantos vaticinios fallidos, de pronto ocurrió. Sin más, sin verlo llegar, sin anunciarse. Hubo voces en las últimas semanas que predecían la posibilidad, pero por supuesto no convencían. En realidad, ningún augurio era tomado en serio, más bien un juego divertido y liviano. Y, al final, sin más aviso que una densa humareda plomiza como si de un número de magia se tratase, sucedió ayer.

Duró poco, apenas segundos. El humo apelmazado lo cubrió todo en un instante, no era posible ver ni oír. No me dio tiempo a llegar hasta mi mujer y mis hijos. Un poderoso estruendo es mi último recuerdo.

Hace rato que abrí los ojos. La mañana es clara, la brisa seductora. Compruebo: una ciudad desconocida, gentes desconocidas, hablando lenguas extrañas, de variopintas razas y aspectos. Todos parecemos muy desorientados. Alguien me dice: “Hemos sido redistribuidos por el mundo para empezar de cero”. No sé aún qué he de hacer, pero añoro a mi familia.

* * *

 

Seleccionado II Premio de Microrrelatos Temáticos (Editorial Hipálage), Marzo de 2012

Editado en el libro “Conseguir los sueños” (Editorial Hipálage, 2012)

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