Utopía, el desenlace

La multitud asistente a los actos interrumpía constantemente con voceríos y algarabías. Unos a otros se achuchaban con incomodidad por estar bien apretados: formaban un conglomerado granítico. La alocución continuó.

—… y es el momento de saludar a los nuevos tiempos. Es hora de dejar las eternas obsesiones, las luchas sin cuartel, los más recónditos anhelos. Se abre la puerta a ese futuro ansiado, esperado; ese futuro que nos ha de marcar nuevos rumbos, rumbos que, ciertamente, no sabemos aún hacia donde nos dirigirán. Pero, atendedme bien, yo os digo que, una vez llegados, se empezará un camino sin retorno, nada nos hará retroceder, no volveremos a soportar los sinsabores que hemos padecido hasta hoy…

El orador se dio un respiro para permitir el estruendo de aplausos y vítores al trasfondo del discurso. Ciertos individuos, estratégicamente distribuidos entre los reunidos, promovían entusiasmos, alabanzas y asentimientos.

—… sí, amigos, hasta hoy, porque este día será recordado como el punto de inflexión de la evolución social, la señal de partida de lo que, durante siglos y siglos, hemos dado en llamar —provocó un deliberado instante inacabable y sentenció—… utopía.

Utopía, utopía, repetían muchos como un eco enlatado. Desde la tribuna, el político bebió un sorbo de agua para seguir más atemperado.

—Enumeremos: hemos desterrado el hambre en el mundo, gracias a los mecanismos creados para producir alimentos en cualquier parte del planeta; se ha erradicado el crimen con la aplicación, durante cientos de años, de técnicas genéticas de cambios de personalidad; se han dominado todas las enfermedades, utilizando un control exhaustivo a nivel nanocelular; igualmente, se han eliminado todas las guerras y conflictos entre pueblos y naciones, al haber suprimido las necesidades de posesión y de privilegios. Por eso, hoy somos un país, un único país, el país de la humanidad, y hemos logrado vencer el miedo, doblegar la incertidumbre, eludir la desconfianza en nosotros mismos. Desde este estrado, como portavoz de vuestros deseos, simplemente me queda por decir: al fin, hemos llegado a la culminación de los objetivos que millones de nuestros antepasados persiguieron… El mundo utópico es, desde ya, una realidad.

Miles de personas in situ y cientos de millones siguiendo la declaración a través de la red, exteriorizaron un júbilo obligado. Durante meses se estuvo preparando el evento oficial y, en ese tiempo, se había ido evidenciando un comportamiento extraño por parte de la gente. Expertos sociólogos y notables científicos estudiaron el fenómeno. La inmensa emoción que inicialmente se produjo, dio paso, paulatinamente, a una actitud de apatía e incomprensión. ¿Cómo es posible?, se preguntaban los eruditos, ¿por qué esta conducta? Finalmente, tras muchas investigaciones, determinaron que el logro de la utopía no era un suceso deseable. La población interrogaba al aire: ¿y ahora, qué haremos, cuáles serán nuestras metas?  Con profundo pesimismo se cuestionaba: ¿qué afán nos va a ayudar a levantarnos cada día?

Varios meses después, la decadencia se había adueñado del mundo entero. Lo que se suponía que iba a ser la felicidad total, sin fisuras, sin exclusiones, se convirtió en un auténtico caos de soledad, de desesperanza y de confusión. Se acabaron las ideas: el fin del mundo había llegado.

* * *

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s