Dosis

Dosis¿Quién dijo que nos dirigimos hacia la clarividencia, la lucidez y el discernimiento? La luz que nos precede es obtusa, es ingrata y es latosa.

Las incongruencias propias de nuestra ignorancia y nuestra vanidad han de ser inhaladas muy dosificadas para digerir inconscientemente tanta paradoja.

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Agua clara

Desde la orilla del río me asomé a sus aguas y, cuando esperaba ver el reflejo de mi rostro, lo que contemplé fue mi propia nuca. Sin duda, no podía mirarme a la cara.

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Revisión de condena

Decidí huir de este mundo por la vía rápida. Escribí la carta al juez exponiendo mis razones, pero me persuadió de abandonar la idea y desistí: el juez era yo.

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Ilusión baldía

Me observo en el espejo con los ojos cerrados y contemplo un aspecto humillado, melancólico, descorazonado. Sin duda, no deseo ver mi peor imagen.

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Constancia y distancia

Caminamos apretados bajo la protección de la alameda. Al llegar a la explanada, el sol de poniente perfila sombras muy dilatadas. Atónito, compruebo como mi figura no se proyecta. Seguramente, suspiro por estar en otro lugar.

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Conciencia hermética

Las montañas imponían un paisaje dentellado. Desde una altura sobrecogedora le grité al silencio. El valle debería devolver mis palabras, pero el eco no apareció. Sería cierto, pues, que no soportaba la réplica.

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Delirios inútiles

Me duermo valorando lo acontecido en el día, pero nunca soy protagonista de mis sueños. Alguien que no conozco me suplanta en mi existencia onírica. Probablemente no me atrevo a ser yo mismo.

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Pura atonía

Es la hora del desfile. La calle está llena de gente, saltando, bailando, gritando. Suenan cohetes, tracas, bullicio, algarabía… Desde la lejanía se acerca, marchando a paso firme, la banda de música (uniformes, trompetas y tambores). Y yo, nada oigo, ningún ruido, ni un leve murmullo. ¿Acaso no quiero escuchar mis propias mentiras?

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Horas descuidadas

Final del trayecto: un viaje tortuoso de muchas horas. Asomé la cabeza por la ventanilla del tren y, sorprendido, observé que me encontraba de nuevo en la estación de partida. Enseguida comprendí que no quería madurar.

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La luz que no cesa

Me introduje en un túnel lóbrego, sin luz, totalmente oscuro. Sin embargo, yo veía con absoluta claridad, con meridiana certeza. Evidentemente, me inventaba la realidad que deseaba, la que necesitaba, una verdad fingida.

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Vanidad preeminente

Un ciclón devastaba cuanto se interponía en su camino. Hogares, automóviles, animales, personas. Absolutamente todo volaba por los aires, salvo yo. Inamovible, inalterable, el viento huracanado no me inmutaba. Posiblemente, la terquedad me aislaba de ser vulnerable.

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Inquietud hundida

Entré al último y definitivo examen de mis estudios, aquellos que me abrirían las puertas del honor y el privilegio. Iba perfectamente preparado, como siempre. Sin embargo, frente al tribunal, mi mente, absolutamente vacía, se negó a recordar. Ello sólo significaba que, por fin, había decidido no ser lo que mi padre quiso que fuera.

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Paredes ciegas

Me abro camino a través de una niebla densamente cuajada que se adhiere como una lapa. La vista sólo alcanza un paso por delante, pero yo vislumbro con nitidez las figuras de la multitud oculta. Será porque acostumbro a no dejarme cegar por las apariencias.

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Sabor a cieno

Leía compulsivamente de todo, desde siempre, con ahínco. Cierto día, empecé a no recordar lo leído e, incluso, a olvidar lo que sabía, mi conocimiento. Pese a ello, pude comprender que la ignorancia me evitaría soportar la ignominia del hombre.

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La tenacidad sin valor

Un aguacero anegaba la ciudad. A cuerpo despejado, la lluvia me caía con intransigencia. Cada cual se cobijaba como podía, pero yo no precisaba ponerme a cubierto porque me mantenía completamente seco. Ciertamente, mi hermetismo no permitía que los sentimientos ajenos me traspasaran.

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Virtudes al azar

Un día, me llamaron para anunciarme que era el ganador de la lotería. Otro día, acudí al casino y salí con miles de fichas. Semanas después, descubrí mi imagen en televisión como triunfador de un concurso millonario. Sin embargo, ni había comprado boletos de lotería, ni había apostado en el casino, ni había participado en el concurso. Estaba claro que despreciaba que mis méritos fueran sorteados.

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Crujidos en el aire

Me invitaron a una entrevista en la televisión para hablar sobre mi embarullada vida, pero al tiempo que estaba contestando en directo a las preguntas del presentador, me encontraba viendo el programa en casa desde mi propio sillón. Obviamente, me avergonzaba de compartir mis propias miserias.

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Figura canallesca

Asistí al estreno de mi última película y la multitud congregada me saludó, me vitoreó, me agasajó, pero cuando se exhibió en la pantalla, mi personaje no apareció. Aparecía como un hueco en blanco durante toda la proyección. Con toda certeza, no quería seguir interpretando una banal realidad.

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Palabras enlodadas

Terminé de escribir una ardua e inmensa carta en la que expresaba mis más reveladores sentimientos. Sin embargo, cuando me dispuse a releerla, todas y cada una de las cuartillas se encontraban en blanco. Indudablemente, no deseaba transmitir mis detestables fingimientos.

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El alma compleja

El trayecto se me hizo más largo de lo que me habían dicho. Éramos muchos los destinados a los infiernos. Sin embargo, el ambiente allí no era el esperado. Nada de tortura y maldad: reinaba la serenidad y la reflexión. Entonces, me di cuenta de que el miedo es, con demasiada frecuencia, el único motor del mundo.

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Incierta pasión

Alrededor de la hoguera, bailábamos y agitábamos los cuerpos en un aquelarre de frenesí. Las llamas iluminaban los rostros. Acerqué mi mano al fuego hasta posarla en las  mismas raíces de la pira. Sin embargo, cuando esperaba la punzante quemadura, sentí en cambio un frío atroz. Seguramente, había perdido toda sensibilidad por mis semejantes.

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Impacto adormecido

Fueron aquellas las últimas vacaciones de la vieja panda. Sol, playa, noche, pasión y fotografías, muchas instantáneas de nuestras mejores poses. Cuando a la vuelta nos reunimos para vernos retratados, yo era solamente un hueco en las imágenes captadas, pero nadie se apercibió. Con toda certeza, hacía tiempo que no me consideraban parte del grupo.

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Versión innata

Mi familia vivía en el circo. Era una familia de payasos. Yo nací sin sonrisa y nunca me reí de nada. Estaba claro: no deseé haber venido a este mundo.

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Éxtasis ingenuo

Andaba descalzo por la nieve helada, pero sentía un calor opresivo que me ascendía por todo el cuerpo. Sin lugar a dudas, la pasión me desbordaba.

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Gloria inocua

Subí con premura los peldaños de la escalera, pero cuando llegué a lo más alto, nada existía al otro lado. El vacío de la fama explica mi decadencia como persona.

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Ante la adversidad

Fui lanzado a gran velocidad contra un compacto muro de piedra, pero cuando impacté con estrépito, la pared se ablandó absorbiendo mi organismo. Comprendí que debía confiar más en mis posibilidades.

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Inconmensurable

Comimos hasta reventar durante horas y horas. Cuando se dio por terminado el colosal banquete, de inmediato volví a sentir un hambre atroz. Sin duda, mi codicia sin escrúpulos no tenía límites.

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No va más

Montamos en la noria y empezamos a girar. Al cabo de un tiempo, observamos que no se detendría porque ningún operario la estaba atendiendo. Continuamos dando vueltas y más vueltas. Tras largo rato, constaté que siempre volvemos al principio sin evolucionar lo más mínimo.

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Cúpula indeleble

Me lancé en paracaídas desde una altura considerable. Cuando procedí a abrirlo, falló y permaneció cerrado, mientras caía hacia la tierra a increíble velocidad. Sin embargo, alcancé el suelo y aterricé con suavidad. Sin duda, me estaban prodigando reconocimientos de los que no tenía noción.

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Misericordia ingrata

Por Dios, sea breve, rogó sin poder expresar con la mirada el dolor de su opresión porque la venda se lo impedía. El verdugo trató de complacer su deseo.

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