Intenciones: del 41 al 60

Justicia para todos

En aras de garantizar los derechos jurídicos sin distinción de credo, raza u orientación sexual, las sentencias del Juicio Final podrán ser recurridas ante instancias superiores.

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El cascabel del gato

Aquel congreso de filósofos y bienintencionados pensadores, a la luz refulgente del lago Leman, no pudo (no quiso) determinar en sus conclusiones una respuesta a la cuestión relativa al porqué de la existencia de esa fuerza irreductible que impide al mundo “civilizado” poner en marcha con verdadero empeño los remedios al hambre, la enfermedad y la ignorancia del mundo “no civilizado”.

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Qué será

Es la predilección por lo inacabado.

Es la sensación del aprender como sinónimo de la promesa.

Es el baúl de las ideas peregrinas. Es el alma mater de la incongruencia, de la debilidad de un caminante sin desenlace.

La utopía es y será.

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Augurios inocentes

Cuentan que se han descubierto recientemente unas nuevas profecías atribuidas a Nostradamus escritas parece ser en el ocaso de su vida. Según se interpreta en ellas de forma fehaciente, el alquimista se desdice de todos los vaticinios publicados a lo largo de su existencia. ¡Lástima, después de que se han ido cumpliendo uno tras otro prácticamente todos ellos!

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El mañana nunca sabe

Viajó en el tiempo hacia el futuro, transgrediendo todas las normas de la causalidad. Atravesó siglos y siglos encontrando paisajes oscuros, negros, inexistentes. La historia venidera parecía estar por escribir. Continuó viajando hasta el final de los tiempos donde pudo contemplar el big bang.

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Nuestra canción

¡Ah, la música! ¡Cómo nos ha cambiado la vida!

Nacemos con una melodía suave de fondo que reconforta a la madre en ese trance; caminamos por las calles, por el campo y viajamos por doquier escuchando cantinelas acordes al ambiente; trabajamos a ritmo de notas que facilitan la buena disposición; charlamos, comemos, dormimos con el eco de sones y arpegios que desde el Sistema Central Sonoro, instalado por el gobierno, nos trasladan a mundos estimulantes, imaginativos, altruistas.

¡Ah, la música!

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Sin remedio

Fue un buen día de primavera, mediados de abril: nada había hecho presagiar hasta aquel momento tal circunstancia. Esa mañana no hubo robos, ni crímenes, ni homicidios; no se produjeron incendios, ni escapes de agua, ni explosiones de gas; nadie se puso enfermo y los enfermos sanaron repentinamente. Al cabo de semanas, se mantenía la sorprendente situación. Al cabo de meses, los colectivos de policía, jueces, bomberos, médicos y enfermeras, periodistas, políticos, compañías de seguros, farmacéuticas y farmacias, de protección y vigilancia, psicólogos, y otros muchos afectados hubieron de desaparecer. Millones de personas en desempleo de golpe. La economía global se hundió, el mundo se revolucionó, el hambre se adueñó de las calles y comenzaron saqueos y pillajes.

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El valor de la ausencia

Imaginamos lo que queremos; deseamos lo que no tenemos; recordamos lo que podíamos haber sido; hablamos de lo que no sabemos; nos sentimos aquellos a quienes anhelamos parecernos… somos seres intangibles y veleidosos.

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Vuelta a empezar

¡Qué manía con quitarse la vida! A ver si alguien dice a esos desaprensivos de una vez que, según las leyes de la reencarnación, el suicida retorna obligatoriamente a una nueva existencia renaciendo en un ser exactamente igual al que acaban de abandonar hasta que aprendan a salir adelante por sí mismos.

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Buena onda

La mirada cristalina de aquel enjambre de niños barrigones, con rizos escuetos y labios morrudos, estaba expectante, inquieta, casi histérica. A unos hombres blancos y feos no se les ocurrió otra cosa que instalar una antena parabólica y un aparato de televisión en pos del progreso —así se expresaron— de aquella aldea enclavada en lo más mísero y estéril del África profunda. Tras días de arduos intentos de sintonización de las ondas, finalmente apareció en la pantalla la imagen nebulosa y desvaída de un chef de la CNN departiendo sobre alta gastronomía.

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Primera plana

Phil se apostó con Mark —nada menos que quince a uno— que sería noticia en todos y cada uno de los periódicos, diarios y magazines de la nación. Mark accedió encantado. Phil atacó cargado de fusiles y granadas la comisaría central de la Policía. Fue abatido después de llevarse por delante a quince individuos, entre agentes, detenidos y ciudadanos de paso. Mark estaba exultante cuando terminó de comprobar que en ninguna de las páginas del diario ecologista “El Nuevo Ambiente” aparecía una sola mención al suceso. (El resto de publicaciones se había hecho eco de la trágica noticia; la mayoría en primera página). Phil perdió su apuesta.

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Donde las aguas te lleven

La situación devino insostenible. Doña Soledad comentó solemnemente a sus amistades y familiares que nunca acabaría viviendo debajo de un puente. Cuando la autoridad ejecutó la orden de desahucio de su hogar —cincuenta años bajo aquel techo—, doña Soledad corrió a abalanzarse sobre las ondulaciones del río y la corriente la engulló. Su cuerpo acabó emergiendo seiscientos metros aguas abajo en la margen izquierda, bajo uno de los ojos del puente de San Ubaldo.

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R.I.P.

Karol, el contramaestre del carguero Miyannis, dijo que era un ferviente católico y que no podía permitir que no se diera cristiana sepultura al marinero Spites, recientemente fallecido tras un ataque alérgico desarbolado. ¡¿Cómo que se echa por la borda el cadáver y asunto terminado?! Pertrechado con un equipo de buceo de altas profundidades, oxígeno para un par de horas y una pala anticorrosiva, Karol, el contramaestre, descendió hasta el fondo de las aguas arrastrando el cuerpo del marinero y allí cavó una fosa submarina donde enterró el alma del finado, no sin antes elevar un responso a través de la escafandra.

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Navidades blancas

Y empezó a nevar. Era el final del verano. Raro, pero divertido. Siguió nevando. Durante varios días continuaron cayendo copos ligeros, rutilantes, insistentes. Se fueron acumulando ingentes montones de nieve: medio metro, un metro, metro y medio. Pleno otoño, los árboles sin hojas cuajados de fresca nieve. Los campos, blancos sin solución de continuidad. Casi dos meses nevando, como una plaga. Hacía frío, mucho frío. Ya no era divertido. Ya no había ganas de tirarse bolas, los muñecos eran masas amorfas. Y llegó el invierno, llegó la época navideña. Persistía la nevada. Las ciudades se encontraban prácticamente sumergidas bajo el colosal manto blanco. Nadie quería celebrar la Navidad. Todo el mundo odiaba la nieve.

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Hermanos del alma

Aquel lugar de la Siberia Central. Korski… Kolski… Kronski…, no sé, algo parecido. ¡Qué frío, qué aislado, qué inhóspito…! ¿Qué pudo ser? ¿Un virus, una maldición, un meteorito? Todos los nuevos nacimientos comenzaron a ser de gemelos, más en concreto, de gemelos siameses. Pasados los años todos los habitantes del lugar eran siameses. Todos  ellos iban “amarrados” de dos en dos. Por un brazo, por un costado, por una pierna, por el pecho, incluso, por la cabeza. Nunca antes, en ninguna parte del mundo, se había experimentado tanta sensación de hermandad.

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Interioridades

La soledad no es un estado de ánimo. Todo lo que nos rodea es fruto de nuestra imaginación.

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Auténtica inquina

Odio, odio sempiterno. La escuela (de la vida y de la subsistencia) nos enseña y nos imbuye el odio al vecino, al desconocido, al desigual, al igual, al que está encima y al que está debajo. Odio sempiterno. Somos seres odiosos… y odiados. ¡Qué cruz!

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Aleatorio est

No poder aventurar lo que ha de acontecer no deja de ser un golpe de suerte. El azar nos libra de tener que conocer el mal antes de tiempo.

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Campaña de solidaridad

Aquella niña, Liliana (Lily, en su entorno), tenía una de esas enfermedades catalogadas como raras, insólitas, muy difíciles de tratar, con unos síntomas complejos: Lily era bondadosa, era solidaria, era generosa; estaba convencida de que la crueldad en el mundo desaparecería algún día. Sus padres se habían resignado. Dijeron que intentarían salir adelante con aquella niña tan especial. La querían, no obstante.

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Equilibrio demográfico

Se conocieron en una fiesta de emparejamientos. Joana, mujer cuarentona, de buen ver y mejor talante, dijo: «Yo aporto ocho hijos». Él, David, cincuentón, de gran clase y buena posición, replicó: «Yo aporto once vástagos». Remy, joven administrativa de la empresa de idilios y especialista en unir perfiles armónicos, expresó al ver la fichas de los candidatos: «Yo aporto mis métodos anticonceptivos».

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Intenciones: del 61 al 80

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