Nuevo mundo

     Desde siempre vengo escuchando la necesidad de cambiar el mundo. De pequeño oía decir a mi padre tras el humo de un cigarrillo: “No podemos seguir así, esto tiene que cambiar”. Con cierta frecuencia mi madre, desde la cocina, suplicaba: “Por favor, Señor, que las cosas mejoren o no sé qué va a ser de nosotros”. Aquel maestro con sotana nos enseñaba a discernir lo bueno de lo malo con el picor de la vara: “Recuerda que es por tu bien —¡zas!—. Tú has de ser uno de los que velen por que este mundo vaya por la senda correcta hacia la verdad —¡zas, zas!—“. El paso de los años no ha hecho sino incrementar el mensaje. La televisión nos aguijonea sin sutileza: “Cambie su modo de vida, mejore su futuro comprando tal o cual cosa”. El cine proyecta sin remisión cómo han de ser nuestras vidas a través de personajes inexistentes. La política nos regaña cada vez que no votamos lo que ha de ser. “Así no hay manera de progresar”, dice un sesudo ministro. Y se producen sin cesar manifestaciones con un lema recurrente: “¡Cambiemos el mundo! ¡Cambiemos el mundo!… ¡Sólo nosotros podemos cambiar este mundo!”.

Me hice historiador y he tenido ocasión de comprobar con detalle que a lo largo de los tiempos conocidos y documentados siempre ha existido la idea fija de cambiar el mundo para poder salvarlo, para recuperarlo de sus males, para “hacer más felices a sus habitantes”. Es por ello —según las inteligencias más osadas— que la historia está plagada de contiendas, de conquistas, de expulsiones, de exterminaciones, de ejecuciones, de convencer una y otra vez a cualquiera que se resistiera de que era preciso echar mano de tales acciones para poder transformar este mundo, tal vez demasiado dejado a su libre albedrío.

En fin, viendo que el mundo sigue poco más o menos con sus mismas especulaciones y sus mismas proclamas, sin más avance que el transcurrir de los minutos, más pesadamente para unos que para otros, creo haber llegado a la conclusión de que no hemos finalmente conseguido cambiar este mundo porque no hemos encontrado aún en toda la galaxia cercana ningún otro planeta capaz de albergar un verdadero nuevo mundo. Probablemente, dicen los astrónomos, sea todavía un sueño inalcanzable. Yo, no obstante, no desisto de conseguirlo en los días que me restan. Espero poder tener fuerzas para viajar.

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